Las redes sociales son un medio de comunicación maravilloso que nos permite ampliar la manera de relacionarnos con la gente, expandir nuestro círculo de amistades y conseguir un contacto cotidiano con gente de cualquier lugar del planeta. Es un mundo virtual, paralelo y complementario al real, en el cual, al igual que en éste, hay cosas buenas y malas, y acceder a unas normalmente conlleva el peligro de las otras, que hay que asumir e intentar evitar.

Cuanto más desconocemos este mundo virtual, más peligroso puede resultarnos. Y si al desconocimiento añadimos la ingenuidad propia de la juventud, entonces llegamos a comprender plenamente la necesidad de proteger a niños y adolescentes de situaciones desagradables o incluso dañinas.

He encontrado este vídeo que quizá pueda ser útil para conocer algunos de los riesgos de las redes sociales para los jóvenes que acceden a ellas sin estar suficientemente informados y ser conscientes de las consecuencias de sus acciones.

El segundo vídeo nos recuerda que cuando publicamos algo en Internet, dejamos de tener el control sobre su difusión, de manera que cualquiera de las personas a las que damos acceso a ese material, puede copiarlo, modificarlo y distribuirlo sin que podamos evitarlo. Y además para siempre.

El lema es claro, think before you post, piénsalo antes de publicar.

Creo que la solución no pasa por ningún tipo de prohibición o censura: no se puede poner puertas al campo. Al contrario, entiendo que el control lo debemos ejercer los propios usuarios desde el conocimiento y actuando siempre con el máximo respeto a los derechos de los demás, para poder exigir que sean respetados los nuestros. Por eso los padres tienen que ser conscientes de que, al igual que les enseñan a sus hijos cómo desenvolverse en la calle, de quién pueden fiarse y de quién no, adónde pueden ir con tranquilidad y qué lugares tienen que evitar, de la misma manera tienen que enseñarles a vivir y disfrutar de las redes sociales sorteando las situaciones que podrían resultar una mala experiencia. Y de paso, estrechar aún más los lazos con sus retoños.