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Hoy, cuarto lunes de enero, es el  Community Manager Appreciation Day (aunque podría ser el peor día del año) y creo que es el mejor momento para retomar la actividad de este blog que, por razones mayoritariamente laborales, he tenido un poco abandonado.

Con motivo de esta celebración, varios sitios web que sigo habitualmente han definido nuestra profesión bajo diferentes puntos de vista, algo muy lógico ya que cada uno de nosotros ha llegado a ser Responsable de Comunidad por diferentes caminos y razones.

Lo que lamentablemente sigue siendo una norma general es que cuando a la pregunta de a qué se dedica, alguien responde: ―soy Community Manager― la gente le mira atentamente y le pregunta ―¿y eso qué es?

Y ahí llegamos al gran dilema, porque si das una de las definiciones más oficiales, como por ejemplo la de la Asociación Española de Responsables de Comunidad y Profesionales del Social Media (AERCO-PSM) aún te entienden menos:

Aquella persona encargada o responsable de sostener, acrecentar y en cierta forma, defender las relaciones de la empresa con sus clientes en el ámbito digital, gracias al conocimiento de las necesidades y los planteamientos estratégicos de la organización y los intereses de los clientes. Una persona que conoce los objetivos y actúa en consecuencia para conseguirlos.

¿Qué es lo que la mayoría terminamos diciendo? Que somos los encargados de la imagen de una empresa en Internet. Y cuando dices que gestionas el blog y los perfiles de Facebook o Twitter de la compañía no falta quien esboza una media sonrisita y te dice: ―pues eso también lo puedo hacer yo.

No seré yo quien lo niegue, porque no se requieren características físicas especiales ni carrera universitaria (aunque haya quien la pida), pero no todo es tan bonito como podría parecer. Nuestro trabajo requiere muchas horas de buscar información en medios de comunicación y blogs españoles y extranjeros sobre temáticas diferentes dependiendo del cliente, de filtrar los tuits y post de distintos perfiles personales y profesionales en Facebook para dar a conocer a nuestros lectores noticias y datos interesantes, de visionar vídeos de Youtube para buscar mensajes visuales impactantes además de amenos… También requiere saber hacer analíticas web para mostrar los resultados conseguidos y planear estrategias para mejorar esos resultados si no son todo lo positivos que queremos. Eso requiere una sólida preparación y una actualización constante, ya que cada día surgen nuevas aplicaciones y mejoran los métodos.

Las ofertas de empleo son descorazonadoras porque algunas empresas identifican el puesto con un “chico/a para todo” que hace páginas web y gestiona redes sociales, y eso cuando no buscan directamente a un “superhéroe“, y para eso es difícil estar capacitado.

Y a pesar de todo, muchos trabajamos como Community Manager y nos gusta. Antes he mencionado que diferentes compañeros de profesión han dedicado hoy sus entradas a nuestro trabajo y sus ventajas e inconvenientes. He leído varios muy interesantes, pero quiero destacar entre ellos el de Cristina Torres, que decide, de forma muy aguda, definir lo que NO es un Community Manager, con esta infografía:

Quien NO es Community Manager

También me ha gustado el post de Ana Fernández (@AnnCommunity) titulado La misteriosa figura del Community Manager en el que reúne varias definiciones muy valiosas de renombrados profesionales.

Para mí dedicarme a ésto ha sido una oportunidad de reinventarme profesionalmente tras una larga temporada desempleada que he aprovechado para mi formación específica. Además me ha servido para reutilizar mis estudios en temas tan dispares como turismo y secretariado y aprovechar mi afición y manejo de las redes sociales. ¡Y me gusta lo que hago!

Sirva como mi pequeño homenaje personal a todos los estupendos profesionales “de carne y hueso” que se dedican a éste extraño oficio el siguiente vídeo de Rocío C. García  (@digopiopio).