imagen de una pareja de jóvenes viendo fotos en una pantalla grande

Desde hace unos días, un ‘hashtag’ se ha puesto de moda en las redes sociales: #10YearsChallenge. Bajo esta etiqueta, utilizada tanto en Facebook, como en Twitter e Instagram, los usuarios están subiendo montajes con sus fotos de ahora y de hace una década, confirmando los cambios físicos a los que el tiempo les ha expuesto. Sin embargo, ¿es simplemente un juego? Desde algunos espacios se pide prudencia ante las facilidades que se les está dando a empresas de reconocimiento facial para enriquecer sus bases de datos.

Muchos usuarios se han subido a esta tendencia de manera inocente, considerando que se trata de un simple juego con el que mostrar cómo han evolucionado sus rostros en los últimos diez años. Sin embargo, otros muchos han avisado del peligro que puede suponer participar en este viral. Y es que con un sencillo montaje que solo nos llevará un par de minutos, estás ofreciendo información valiosa y fechada, sin margen de error y verificada por el propio usuario.

Uno de los problemas a los que se enfrentan las empresas que se dedican al reconocimiento facial tiene que ver con las posibilidades de fallo. Los usuarios no siempre cuelgan fotos en orden cronológico y, a veces, la información EXIF tampoco es suficiente: podemos haber volcado una foto sin conexión desde una cámara, haber subido un pantallazo o, incluso, que algunas plataformas la eliminen por privacidad. Por ello, tenerlas agrupadas bajo un ‘hashtag’ es una mina de oro para estas compañías, y sus algoritmos.

Pero, ¿por qué hay tanto miedo al reconocimiento facial? Las empresas han encontrado aquí un mundo que explorar y lleno de posibilidades que, dependiendo de qué uso se le dé, puede ser positivo o negativo. Pero, sirven para crear una importante (y gratuita) base de datos. Por ejemplo, este tipo de compañías pueden ofrecer una ayuda fundamental a la hora de encontrar a un desaparecido, al poder cotejarlo con miles de imágenes de cámaras de seguridad en medio mundo e incluso hacer una estimación de cómo sería alguien desaparecido hace unos años.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Por ejemplo, se puede utilizar para crear publicidad dirigida, ofreciéndote productos indicados para tu edad; los gobiernos lo pueden utilizar para rastrear a las personas y sus hábitos (China y EEUU ya tienen tecnologías en este sentido); o, incluso, los seguros de vida pueden llegar a subir su precio al notar lo rápido que uno envejece. Y eso son solo las primeras aplicaciones que se le han encontrado al reconocimiento facial.

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